Ambos habían apostado a algo parecido: a la base del plantel de la temporada pasada le sumaron una ficha nacional pesada. Dos viejos conocidos de Biguá, Leandro García Morales y Martín Osimani, fueron contratados por Hebraica y Defensor Sporting respectivamente. Fueron movimientos que dejaban claro el objetivo de ambas instituciones: ganar el campeonato.
Cuando analizo sus temporadas regulares veo que es probable que ambos se sintieran a gusto con sus resultados: Defensor Sporting encabezó la clasificación de la Súper Liga y Hebraica salió tercero, pero con el extra de que ganó el Súper 4.
Sin embargo, los dos llegaban de manera diferente a la final. Defensor Sporting, por su lado, venía de ganarle a Malvín 3-1 en semifinales con un último partido humillante para el equipo de la playa (74-51). Hebraica llegaba de superar a Trouville luego de dar vuelta una agónica serie que estuvo 2-1 a favor del rojo pero terminó 3-2 a favor del macabeo. ¿Quién llegaba de mejor manera: el fusionado pasando por arriba al campeón o Macabi levantando un 1-2?
Las opiniones acerca de lo que pasaría en las finales eran muy variadas. La gran mayoría coincidía en que Defensor Sporting tenía un mejor funcionamiento como equipo y Hebraica una mayor calidad de individualidades. Solo había una cosa cierta: el 6 de abril iba a ir la pelota al aire y los jugadores lo iban a definir en la cancha. Pintaba para ser una serie final muy atractiva desde lo basquetbolístico.
En el primer partido Hebraica arrolló a un Defensor Sporting que no pareció estar enterado de que estaba jugando una final. Fue una victoria de principio a fin y y un claro mensaje para los de Punta Carretas: si no cambiaban radicalmente, la serie iba a ser corta.
El fusionado pareció no entender el mensaje y se topó con otra derrota en el segundo partido pero con un extra: había jugado bien. A pesar de haber manejado una renta de más de 10 unidades durante varios momentos del partido, no pudo ante la arremetida macabea en el último cuarto y se fue con otra derrota para la casa. Las voces en la calle daban por hecho a Hebraica campeón y muchos se animaban a decir que podía ser barrida. El fusionado parecía muerto.
Pero no lo estaba: para la sorpresa de muchos, dentro de los que me incluyo, ganó con autoridad el tercer y cuarto juego, puso la serie 2-2 y le dio a las finales una incertidumbre tremenda. Cuando todo el mundo pensaba que Hebraica seguía de largo apareció el principal argumento del fusionado durante la temporada: el juego en equipo, liderado por un soberbio Martín Osimani. Las voces en la calle cambiaban.
El quinto partido parecía ser el que marcara el rumbo de la final. Y ahí apareció Leandro García Morales, con muchas pérdidas y malas decisiones pero con una categoría bárbara para definir jugadas en las que la pelota pesaba mucho. Hebraica ganaba, ponía la serie 3-2 y estaba a un paso de coronarse campeón.
Llegó el sexto juego. Me parece que todos esperábamos ver otra cosa. No fue partido. El macabeo, de forma parecida al primer encuentro, pasó por arriba a Defensor Sporting. Desde el minuto 0 marcó la cancha: al primer cuarto se fue 14 arriba y al descanso largo con una renta de 19 unidades. El partido terminaría en cifras de 97-72.
Así Hebraica se coronó campeón de la LUB 2015-2016 y sumó su quinto título. Apostó fuerte y tuvo resultados. A pesar de que tuvo idas y vueltas durante la temporada, en donde incluyo la salida de Demti y la lesión de Izaguirre, se las arregló para llegar entero al final y alcanzar la máxima gloria a nivel local.




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