A pesar de tener conocimiento del
plantel y del cuerpo técnico –con Signorelli a la cabeza, que es una garantía–,
los resultados de la participación del equipo uruguayo en la AmeriCup 2017 eran
una incógnita. Se sabía poco y nada de la calidad individual y del funcionamiento
colectivo de los rivales (República Dominicana, Estados Unidos y Panamá) y
tampoco se había visto tantas veces a este “nuevo” Uruguay. Sin embargo, sin
otros fundamentos además de la pasión, la garra charrúa y la localía, todos nos
ilusionamos con ver a Uruguay saliendo primero en su grupo y clasificando para
jugar en Córdoba el próximo fin de semana. Así somos.
Tuve la suerte de ir al Palacio
Peñarol a ver los primeros dos partidos. El lunes llegué al Palacio sobre el
final del partido de primera hora entre EEUU y Panamá y, además de sorprenderme
con el abultado score a favor de los norteamericanos, vi dos jugadas que me
hicieron perder completamente la esperanza de poder hacerles partido. “Están
completamente a otro nivel”, comentamos con un amigo con el que fui. A pesar de
ganarle a Dominicana ese mismo día a segunda hora, sabía que ganarle a EEUU era
prácticamente imposible.
El martes perdimos. Pero perdimos
dignamente. El tercer cuarto terminó 50 iguales y los comentarios que teníamos
con mi amigo comenzaron a ser del estilo de “che, no es tan imposible, ¿eh?”.
¡Le estábamos haciendo partido a una selección de EEUU en basket! Sin embargo,
en los últimos 3 o 4 minutos no nos entró una y ellos embocaron algunos triples
que nos mataron. De cualquier forma, la gente apoyó a los uruguayos y reconoció
su esfuerzo al ritmo de “Soy celeste”. Más que en el Palacio Peñarol, parecía
que estábamos en el Centenario con la selección de fútbol. La gente se sentía
identificada con el equipo.
En la noche del miércoles ganamos para
quedar segundos en el grupo y clasificar a los Panamericanos 2019 a disputarse
en Lima, Perú. Debido a una decisión totalmente injusta de darle dos plazas de
clasificación al Final Four de este torneo al grupo que se disputaba en
Argentina, Islas Vírgenes clasificó tras caer por más de 40 puntos contra Argentina
mientras que nosotros le hicimos partido a EEUU y ganamos los otros dos partidos y quedamos afuera. Tiene
sentido, FIBA.
Tenía ganas de volver a sentirme
identificado con la selección de basket y estos jugadores lo lograron. Estoy
seguro de que si seguimos por este camino bajo la conducción de Signorelli e
incorporamos para las eliminatorias a Calfani y a Barrera vamos a ser un equipo
competitivo a nivel regional.
¡Gracias muchachos y vamo’ arriba
Uruguay!




Muy buena columna!
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