En la noche de ayer, Aguada perdió la final de la Liga Sudamericana frente a Uniceub (Brasil) en cifras de 93-81. Sin embargo, lo que en caliente fue para la hinchada aguatera una enorme decepción, en frío fue una victoria.
Fue una derrota en lo deportivo. Y fue una derrota justificada por el juego que mostraron uno y otro. En el primer tiempo Aguada no fue el equipo que todos nos imaginábamos que iba a ser, mostrándose muy errático y con su mejor figura, Leandro García Morales, sin poder brillar como acostumbra hacerlo. Los brasileros sabían perfectamente que LGM era la carta de los aguateros y fue totalmente neutralizado en los primeros 20 minutos, que se fueron con un resultado de 53-38 a favor de Uniceub. La esperanza de los rojiverdes se apagaba.
Sin embargo, en el tercer cuarto se dio una enorme remontada del equipo de la Avenida San Martín que puso un parcial de 17-2 y logró empatar el juego en 55. Pero en medio de la euforia aguatera apareció el inteligente Martín Osimani, que marcó el tiempo del partido pinchando la pelota, tranquilizando, dando asistencias y embocando libres. Así los brasileros se iban 6 arriba (70-64) al final del tercer chico.
En el último cuarto, Aguada quiso pero no pudo. Cualquiera que haya visto el partido sabe que ganas no faltaron. Pero el buen juego que mostraron los brasileros primó sobre la garra charrúa que mostraron los uruguayos.
Digo que fue una victoria porque la pasión y el respeto por el rival se
fusionaron como hacía mucho yo no veía, tanto en fútbol como en básquetbol
uruguayo. Cuando Aguada se puso a tiro, la gente se quería tirar para abajo de
las tribunas, pero cuando el partido finalizó, los hinchas aguateros
aplaudieron con respeto tanto a sus jugadores como al rival. No hubo incidentes:
a nadie se le ocurrió tirar nada a los jugadores brasileros ni nada similar.
Los hinchas solo miraban, con ojos llorosos, aplaudiendo, como debería ser
siempre. Digo que fue una victoria porque atrás de la camiseta de Aguada se
fusionó el país. Porque los diarios hablaban del básquet como nunca lo habían
hecho. Porque a pesar de que no soy hincha de Aguada, quería que ganara, así
como estoy seguro que muchos de ustedes querían. Ayer vimos en una cancha de
básquet a seis jugadores que demostraron que nunca hay que darse por vencidos.
Digo que fue una victoria porque, en la noche de ayer, el básquet uruguayo volvió a ser el de antes. Viviéndose con mucha intensidad pero con respeto y sin violencia. Mis felicitaciones al Club Atlético Aguada y a su hinchada.




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